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Photo: UDA
El milagro del cable
Aspasia Worlitzky*
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milagro Luego de ver anoche “¿Dónde está Elisa?”,
me acordé,.... así de golpe, de la telenovela peruana “Simplemente
María” que deleitara durante algunos meses mi juventud. Se
trataba de una hermosa, honradísima provinciana que llega a la
capital, trabaja como sirvienta y aprende a coser. Su gran amor, el maestro
que le enseña a leer y escribir, la desprecia “por pobre”,
aunque, naturalmente,...termina enamorándose de la abnegada "Carmela".
Luego de 263 episodios se convierte en una próspera empresaria
y colorín colorado… vivieron felices. Ya viviendo el exilio, "en Invierno cuando es Montreal" (como decía mi amigo Enrique), se me ocurrió que las telenovelas no existían por estos lados del planeta, tan ocupada estaba criando y tratando de darme a entender en la lengua del país de acogida. Mi madre se vino a vivir conmigo, todavía no existía la posibilidad del cable así que la pobre se sentaba frente al televisor y sonreía mirando a los actores “tan lindos” como decía ella, sin comprender ni jota. Después vino la enfermedad de mi marido, justo entonces apareció un chileno avispado y nos vendió una antena con la cual milagrosamente recibíamos la señal desde Chile. Disfrutamos como cabros chicos de las teleseries sobre los gitanos, la discriminación de que eran víctimas, sus leyes, sus carencias más allá de la carpa. Luego el drama de un circo pobre, tan lejano (y no precisamente en distancia) del “Cirque du soleil”. Extraño que aquellos temas escabrosos de nuestra sociedad se pusieran sobre el tapete sin tapujos ni rodeos. Es que viniendo de una dictadura una se pregunta como es posible tamaña denuncia. El broche de oro para mí fue “El señor de la Querencia”. Cruel hacendado de nuestros campos, poseedor de tierras y de hombres a quienes transformaba en verdaderos esclavos, las vejaciones de la antigüedad transportadas a nuestro siglo. Hubo reclamos al diario El Mercurio para que se dejara de difundir la teleserie ¡cómo les debe haber dolido a ciertos caballeros el verse reflejados! Puedo decir, con conocimiento de causa, que aquello era cierto, los abusos, violaciones, entorno, un verdadero calco (salvo quizás el final sanguinario que se le ocurrió inventar al autor). Pero a lo que iba yo desde el principio era a comentar “¿Dónde está Elisa?”. Imposible perdérsela, ni por una peña del 18. Elisa, la hija mayor de un matrimonio “cuico”, desaparece en una discoteca a la que asistió con sus primos luego de una fiesta familiar. Su padre Raimundo, interpretado por Francisco Melo, millonario, es dueño de una viña y otros negocios. Se trata del típico patrón machista, autoritario, pechoño, explotador, acostumbrado a manejar y manipular, no sólo a su familia sino también a todos aquellos que se relacionan con su empresa. Las sospechas de la desaparición empiezan a recaer en miembros de su familia, la policía lo acusa de rapto, se descubren pruebas falsas ¿amor incestuoso? El caso se publica en diarios y revistas, tal como sucedería aquí o en la quebrada del ají. ¿Se trata de un secuestro? La demanda de dinero para el rescate, la posible fuga de Elisa con su tío político Bruno, interpretado por Francisco Reyes... engendra un mar de dudas. Elisa huye ¿de quién? Muere de un balazo sin haber hablado, es decir no se sabe quién la mató. Bruno es acusado de rapto y asesinato, ya que el comisario Rivas, interpretado por Alvaro Rudolphy, encuentra algunos indicios que lo condenan. Confiesa el secuestro pero su esposa le aconseja callar y entonces… súbitamente, lo niega todo. En la cárcel Bruno sufre el trato que los otros presos infligen a los abusadores de menores, pero sale en libertad gracias al inescrupuloso abogado defensor, dejando en evidencia el sistema de las dos justicias: la de los ricos y la otra. Consuelo, interpretada por Paola Volpato, es una mujer ambiciosa que se la juega por entero para salvar su matrimonio, a pesar de haber descubierto a su marido con otras y de tener ella misma un amante. Es capaz de matar con tal de mantener las apariencias y salvaguardar el "honor" de la familia y de hecho es lo que ocurre más adelante. Entremedio del enorme suspenso, le propone a su marido partir a Montreal, para tratar de olvidar la pesadilla y comenzar una nueva existencia. Es entonces cuando en la lista virtual de PROTACH se conjetura sobre lo que sucedería si Bruno se presenta para las próximas elecciones de este grupo de profesionales. Surgen unos “tontos graves” que no entienden el chiste y se apresuran en condenar el tema de banal, otros gritan a los cuatro vientos no transar con las telenovelas, cualquiera sea su origen, autor, actores. Algunos señores se avergüenzan de enchufarse cada noche al canal 267 y temerosos de ser juzgados por sus pares intelectuales, se excluyen solitos del foro. Un despistado, que vio dos capítulos, se las da de opinólogo comentando la “mediocridad” de los intérpretes, que dicho sea de paso, se encuentran dentro de los diez mejores de la televisión, cine y fundamentalmente, teatro en Chile. Todos ellos han interpretado personajes de Shakespeare, poseen una excelente plasticidad emocional y expresión dramática. Otro caso interesante es Ignacio, cuñado de Raimundo, quien pareciera
vivir un matrimonio modelo y por sobre todo cristiano junto a su esposa
Olivia, que está embarazada. Sin embargo, la realidad es otra,
Ignacio es homosexual, mantiene relaciones con el mejor amigo de su esposa
y para colmo, el hijo adolescente lo descubre. Hay que destacar, en el
terreno valórico, la seriedad con que se muestran los dramas que
viven los “gay” aún en Chile y el horror a que esta
opción sexual salga del "closet". Por su parte los niños
y adolescentes luchan heroicamente por reivindicar la ética y los
principios morales absolutamente avasallados por sus padres, quienes desesperados
tratan de evitar asumir el desafío de sus hijos. Los personajes son complejos, el clasismo es evidente en pequeños detalles de la vida diaria: la dueña de casa se deja consolar por la “nana” que le cuida abnegadamente a los hijos pero cuando no está de ánimo la manda a la punta del cerro sin rodeos. Francisca, la madre de Elisa, interpretada por Sigrid Alegría, se enamora del comisario Rivas mientras a su esposo lo que más le duele es que su mujer se acueste con un "roteque de investigaciones" que vive en una "casita" de 60 metros cuadrados. Rivas no logra tutear a Francisca, aunque ella sí lo hace, debido justamente a estas diferencias sociales. Raimundo se acuesta con su secretaria sin permitirle muestras de cariño que puedan molestar su estabilidad conyugal. Situaciones de abuso de poder que siguen existiendo por los siglos de los siglos… El aparataje Domínguez es representativo de la alta burguesía profesional chilena, que ha ido remplazando a la aristocracia terrateniente y a los industriales acaudalados del siglo XX, conservando aún sus apellidos y red de contactos. La serie es pues, una descarnada crítica social a la plutocracia chilena, despreciativa de todo aquel que no tenga una educación elitista, buenas mansiones en el barrio alto, buen auto y viajes a su haber. Estas familias privilegian sobre todas las cosas el éxito en los negocios, las salidas de “Shopping”, el buen funcionamiento de alarmas y empleadas domésticas, acostumbran "gorrearse" entre secretarias ejecutivas, esposas y esposos de profesionales a su nivel. Las escenas de amor son las necesarias, con bastante contenido erótico, mientras que las feroces escenas de violencia familiar y policial, son el pan nuestro de cada día en Chile. Una amiga mía, quebequense, me comentó luego de ver un capítulo: ¿por qué esos adolescentes se meten tanto en los problemas de los padres y a pesar de sentirse atropellados, siguen viviendo bajo el mismo techo? La televisión chilena es enajenante en algunos aspectos… ¿es ésta la excepción que confirma la regla? Teleserie fuera de serie, carente de ese elemento sensiblero tan típico de los latinos, digna de ser analizada desde las perspectivas de la sicología social, principios morales familiares, sociología del éxito, crisis valórica, descartuche y varios otros enfoques. Nuestra democracia actual se las ingenia para entregar una mezcla de ficción y realidad que delata, los artistas se comprometen, incursionan en política, trascienden, revolucionan... Y eso sería todo porque son las 10 de la noche… tengo que ver “¿Dónde está Elisa?”. * La autora del texto es profesora, actriz de teatro y escritora.
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