Territorios imaginarios

María Eugenia Poblete Beas*

 

 

 

 

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Territorios


Crecí en una sociedad marcada por las desapariciones de personas, en un sector de Santiago de Chile donde las imágenes de desaparecidos, protestas, velatones, explosiones eran parte de mi cotidiano vivir. Ese lugar se llama "Villa Portales", sector popular, atiborrado de murales, amigos, fantasmas y recuerdos. Lugar que ha marcado mi vida y el inicio de mi práctica como artista.

Torbellinos de vivencias danzaban a mi alrededor, historias familiares, historias de mi entorno, que se paseaban entre el terreno de lo público y lo privado. Los brigadistas pintando murales, fotos de detenidos desaparecidos, objetos de la vida de las personas tirados en los basurales invisibles para otros, pero no para mis ojos. La invasión visual de la memoria de los hogares cuando se vive en zonas con alta densidad poblacional es enorme, estas vivencias y muchas más comenzaron a girar en mi cabeza para luego ordenarse, cobrar vida entre huellas y memorias de personas que jamás conocí.

Mis exploraciones nacen por la obsesión que tengo desde los 11 años en coleccionar objetos, (objetos que encontraba en su mayoría en el basural de mi barrio), que dan cuenta de vestigios, vivencias y huellas. Estas colecciones no eran para ser expuestas, sino para guardarlas por largos períodos de tiempo dentro de viejas maletas. El acto ritual de guardar objetos, ha formado parte de un proceso de duelo (guardar), el que permite apropiarme de estos encuentros y reconstruir memorias perdidas que adopto como mías, (sean intuitivas, reales o ficticias), memorias que me llevan a emparentar lo que encuentro con posibles historias o narraciones visuales, que las atribuyo a mis vivencias para que no desaparezcan. A partir de estos encuentros me invaden toda clases de preguntas con respecto a la trascendencia y de cómo mis pertenencias o vivencias pasaron a ser también a ser parte del olvido, como los mismos fantasmas de la memoria que observaba en mi entorno.

Al dejar Chile y venir a realizar mis estudios de maestría en Artes visuales y mediáticas en la universidad de Quebec en Montreal (UQAM), gracias a la beca Presidente de la República, mi práctica se articula de una nueva manera. El proceso migratorio exige cuestionamientos con respecto a la identidad, al tipo de carga afectiva que tenemos con el entorno ; ya que al no tener antecedentes pasados en el nuevo país, hay que comenzar a descubrirse y a comprender los nuevos códigos de funcionamiento.

Estos cambios me hacen replantear todos mis procesos anteriores. ¿Desde dónde comienzo a operar?, ¿En dónde quedan los recuerdos y huellas de mi pasado en Chile?, ¿Qué nueva identidad y pasado puedo otorgarme, en este nuevo país, si ya viene tan cargada de historias?; ¿Cómo apropiarme de un lugar en donde no tengo memoria ni huellas de mi pasado? ¿Cómo crear una historia o memoria, a partir de una nueva identidad (la mía), que llega a un país desconocido?

Mi condición de mujer artista latinoameriaca me sitúa en un plan de artista itinerante en el nuevo contexto geográfico en el que me encuentro, (Montréal). Tomo en primera instancia de biografías, vivencias, historias del nuevo territorio y me las apropio, como si pertenecieran a mi propia autobiografía. Etapa fundamental para poder comprender la ciudad, con sus códigos.


La materia primera en mi trabajo es el cotidiano, con diferentes medios como la fotografía, el video y escritos. Documento instantes presentes los que acompaño con textos, que atraviesan mi cabeza en ese mismo momento y como mi visión de extrajera crea una distancia dándome la impresión de estar observando la vida del alguien, como si un personaje se estuviera construyendo (alter ego). La documentación me permite la articulación de mí misma como un vehículo de historias, mi persona actúa como un medio, de la misma manera que los objetos, que trabajaba anteriormente se transformaban en el soporte de una narración.


El desplazamiento entre Chile y Canadá ha creado en mí un puente entre el pasado y el presente de mis experiencias personales que sigue un hilo conductor a partir de lo cotidiano, de lo banal, inspirándome en un recorrido autobiográfico. Relacionando arte y vida, para poder comprender el proceso de inmigración. Por esta razón me sirvo del arte para poder comprender la vida (la mía y la de los otros en este nuevo país), y como las huellas del pasado y del presente convocan al ser humano para instalarse en un contexto diferente al suyo.

Un especial “muchas gracias” a la gente de PROTACH por el trabajo efectuado en la atribución de las becas 2009 que se otorgaron por medio de la Fundación de la UQAM.


*La autora del texto es estudiante en el programa de Maestría en Artes Visuales y Mediáticas de la UQAM y es ganadora de una de las dos becas de postgrado que se otorgaron en la primera edición del programa de Becas PROTACH.


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